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-Levántate ya, Roberto. Vas a llegar tarde a clase. Siempre haces lo mismo.- ¿Qué hora es?
Siempre con lo mismo pero, ¿por qué no se levantará temprano?
- Las ocho menos veinte.
- ¿ Y Sergio?- preguntó todavía con la cabeza debajo de la manta.
- ¡¿Quieres levantarte de una vez?!- dije cabreado.
- ¿Por qué no te vas ya y me dejas en paz?- dijo levantándose, por fin, de la cama.
- Eso es lo que voy a hacer. Adiós.-cogí a Pablo de la mano y me dirigí hacia la puerta.
- Espera Adrián.- Me apoyé en la puerta.- Papá me dijo que luego tenía que hablar contigo en cuanto llegues de clase.
Genial, cuando Damián, es decir, mi padre tenía que hablar con uno de nosotros se trataba de algo malo. Hice un gesto con la cabeza para despedirme y salí por la puerta.
Cogí la guagua* y me senté al final del pasillo. Casualmente, había una chica de mi clase que me sonrío al pasar por su lado.
Dejé a mi hermano en la guardería y me fui directo a clase por la puerta de atrás del colegio.
- Buenos días.- dije al señor de mantenimiento, que siempre llegaba a la misma hora que yo.
- Buenas.- dijo él sonriendo. Me da que ya éramos buenos amigos.
Me dirigí hacia mi clase. Como siempre no había nadie. Eran la ocho menos cuarto, posiblemente no hayan ni abierto la puerta principal.
Empecé a hacer la tarea que la profesora mandaría para hoy. Ecuaciones, llevábamos casi todo el trimestre haciéndolas. Empecé a oír unas voces a lo lejos, ya estaban entrando. Guardé las cosas en mi mochila y saqué lo que tocaba a primera hora, inglés.
- ¡Enserio, que piensas hacer en tu fiesta de cumpleaños!- era Jorge, que siempre estaba de un lado para otro enterándose de todo, de verdad no se como lo hacía.Y empezaron a cantarle el cumpleaños feliz a Natalia, genial, no iba a llegar ni a su fiesta de cumpleaños.
El día paso sin incidentes, hasta que llegue a mi casa, claro.
- Adrián, ¿podemos hablar?- dijo mi padre mientras entraba en su despacho.
La que te va a caer
Entré en el despacho de mi padre y cerré la puerta. Él ya estaba sentado en su silla y yo me acomodé en frente suya. Puse las manos sobre la mesa y esperé hasta que habló.
- Tenemos que hacerlo ya, no podemos esperar más.- Esto le costaba tanto a él como a mí.- Lo haremos mañana.
Ya me esperaba esto, pero no estaba preparado. No podía hacerlo.
Asentí, a pesar de que no estaba de acuerdo, pero Damián siempre hacía lo correcto, y me dejé llevar por ello.me dijo Roberto por telepatía, cada persona de mi familia tenía un poder sobre natural, y el mío era poder hablar con los demás sin gesticular ninguna palabra; por mi parte le dediqué una mirada seria.
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